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El despertador sonó
como todos los sábados a las seis de la mañana, pero a Doña María ya la había
despertado el ruido de la lluvia en el techo de chapa. Sin perder tiempo salió
de la cama y se preparó para ir al mercado para comprar todo lo que necesitaba
para preparar el almuerzo para unas treinta personas.
Doña María ha estado a cargo del comedor comunitario
de la Iglesia ya hace quince años, pero entradita en edad necesita ayuda, ¡y es
tan difícil conseguir ayuda en estos días! Lo que no sabía doña María es que
Dios ya había escuchado sus oraciones y tenía un plan.
En el cielo hay miles de ángeles que ayudan a Dios,
hay guías, mensajeros, guardianes, acompañantes y cuando no están ocupados en
la tierra, se dedican a cantar, rezar, alabar, a Dios y muchas otras cosas
celestiales.
Para ayudar a Doña María Dios eligió a Daiana, ella es
pequeñita en estatura, por eso muchos la llaman peque, pero grande en amor,
sonrisa y entusiasmo. Vive con otros angelitos en una nube de colores rodeada
de jardines donde hay conejitos, ardillitas, pajaritos volando de árbol en
árbol llenando el lugar con su música, en fin ¡Un paraíso!
De día, Daiana es muy activa, con la ayuda de otros
angelitos pinta las flores recién nacidas en el Jardín de hermosos y brillantes
colores, y también le gusta mucho pintar arcoíris. Cuando no está pintando está
bailando, jugando con los animalitos, o simplemente haciendo reír al resto de
los Angelitos con sus ocurrencias. Todas las mañanas, se para de puntitas en la
orilla de una nube y le tira besitos al sol el cual a su vez le contesta
iluminándola con sus rayos.
De noche se acuesta bocarriba en una nube bien
acolchonada a contemplar las estrellas y si alguna no brilla mucho va volando
de nube en nube hasta que se le acerca y con su pincel le pone brillitos y
antes de irse a dormir, después de decir sus oraciones ¡o si! por que los
angelitos también rezan y lo hacen de una manera muy particular primero
agradecen a Papa Dios por haberlos creado y por todo lo que tienen y disfrutan,
luego cada uno toma de una bolsita que tienen atada a los cordoncitos de su
alba, un puñadito de semillitas muy especiales que solo se dan en el cielo y
cuando caen en tierra fértil dan frutos de amor, fe, esperanza, alegría, bondad,
y muchas cosas buenas más, y tiran ese puñadito hacia la tierra esperando que
den mucho fruto, al terminar todos en coro a voces le regalan un hermoso canto
a la Virgen María y cuando terminan, se abrazan todos dándose la paz y se van a
dormir.
Pues bien, como iba diciendo, Daiana al terminar sus
oraciones, escribe algo en su cuadernito que, de tanto usarlo ya tiene hojas
sueltas la cinta que lo rodea ya está arrugadita y la tapa un poco desteñida.
“Hoy algunos de nosotros fuimos de paseo a la tierra y
¿saben? así como hay ángeles en el cielo, también hay ángeles en la tierra, los
de la tierra son las mamás, ellas se desvelan por sus hijos, si están tristes
los consuelan, si están asustados, los protegen, los acompañan, se alegran, y
sonríen con ellos, capaces de dar la vida y olvidarse de ellas mismas. Son la
gran obra de Papa Dios. Hoy estuve con una mamá que es muy especial para mí, ha
robado mi corazón. Ella estaba un poco triste porque tiene una gran pena en su
alma, pero para mí es muy especial así que la abrace con mis alas y en ese
momento sonrió. Nunca dejare de abrazarla.”
Daiana cerro su cuadernito y se durmió.
Al otro día, se levantó tempranito y después de
lavarse la carita se fue a investigar una nube nueva que descubrió el día
anterior.
Como todas las semanas, papa Dios le pidió a todos sus
ángeles, grandes y pequeños que se presentaran en el salón de reuniones número
cuatro, que está en la nube detrás del arroyo, para encomendarles su misión.
Nicolas, el ángel encargado de las reuniones, se paró en la puerta a pasar
lista. Faltando, solo cinco minutos para que diera comienzo la asamblea le
faltaba un Angelito,
“¿Dónde se habrá metido esta vez?” se preguntó
rascándose la barbilla y mirando su reloj por tercera vez.
Levanto la mirada y a lo lejos vio a Daiana saltando
de nube en nube batiendo sus alitas.
“Lo siento Nico” dijo Diana con esa enorme sonrisa que
la caracteriza, “no me di cuenta de la hora”
“No te preocupes peque” le dijo Nicolas guiñándole el
ojo, “pasa rápido que ya está por empezar “.
Daiana rápidamente buscó su lugar y se sentó con un
gran suspiro de satisfacción. Inmediatamente entró Papa Dios con su rostro
iluminado, sonriente, lleno de dulzura dándoles la bienvenida:
“Buenos días mis angelitos,”
“Buenos días” - contestaron todos a coro.
“Cuando llegué, me llamo mucho la atención el jardín,
los colores de las flores van perfectos con cada diseño, la música es muy dulce
y la manera que han decorado este lugar es muy acogedor.
¡Quiero felicitarlos una vez más por poner sus
talentos al servicio de todos y mantener el cielo tan hermoso! “
Papa Dios continuó “Hoy, es ese día especial de la
semana que dedico para darles una misión a cada uno. Algunos de ustedes
realizaran su misión acá en el Cielo y a otros le tocara realizarla en la
tierra.”
Se escucho un murmullo de alegría entre los ángeles y
se miraban unos a otros preguntándose donde le tocaría a cada uno. El
corazoncito a Daiana se le quería salir del pecho del entusiasmo y suspenso.
“Mis queridos angelitos,” continuó Papa Dios, “voy a
ir llamando a uno por uno y podremos hablar un poquito personalmente y al
finalizar la conversación le doy su misión.”
Y así comenzó Papa Dios a llamar: “Amy… Alejandro….
Britney… “
Los angelitos al terminar de hablar con Papa Dios
salían unos saltando, otros aplaudiendo, otros haciendo piruetas, en fin, todos
felices con su misión
“Bernardo…. David…. Daiana…Daiana…DAIANA!!!! “
Daiana estaba tan absorta en su pensamiento imaginando
las miles de misiones que le gustaría que Papa Dios le encomendara, que no
escuchó cuando fue llamada, hasta que su compañero le tiro del ala. De un salto
y unas aleteadas estuvo paradita delante de Dios.
Papa Dios la miro con ternura y le señalo la tierra y
particularmente una ciudad muy movida, con muchísima gente caminando apurada y
no se veían muchas sonrisas. Daiana entusiasmada le dijo
“¿quieres que vaya y la pinte de colores?”
“No mi peque “le contesto Papa Dios
Daiana frunció la nariz y el corazón le latía rápido
preguntándose “¿será que …? No, no puede ser ¿y si sí? ¡dale, Papa Dios dime
que no aguanto el suspenso!”
Papa Dios viendo la impaciencia de Daiana le susurro
en secreto…y por un tiempito le estuvo hablando al oído muy bajito
encomendándole su misión.
Mientras Papa Dios le iba hablando, el corazoncito de
la peque latía tan rápido que pensaba se le iba a escapar de su cuerpito
celestial. Sus ojitos brillaban y su cara se iluminaba como una estrella de la
emoción. Hay que escuchar y prestar mucha atención para descubrir lo que Dios
quiere de nosotros ya que su plan es siempre un misterio.
Daiana estaba tan feliz con su misión que comenzó a
saltar y agitar sus alitas y no paraba de decir
“gracias, gracias, gracias, te quiero mucho” abrazando
a Papa Dios una y otra vez.
Papa Dios le devolvió el abrazo diciéndole
“yo también te quiero mucho mi peque,” dándole un beso
en la frente.
Daiana se fue corriendo para prepararse para su
misión.
Cuando el primer rayito de sol acaricio su carita abrió
los ojitos, sacudió sus alitas y sin perder tiempo, voló a la tierra. Era un
caluroso y húmedo día de verano, los parques estaban llenos de niños. Unos
jugando en las fuentes de agua, otros andando en bicicleta, patinando o en
skates. Sentadas en los bancos cerca del arenero, estaban las mamas enfrascadas
en conversaciones sobre sus hijos o pasándose recetas de galletitas y
bizcochuelos unas a otra. Cerca de la canchita había algunos papas con sus
hijos, unos jugando al futbol y otros remontando barriletes. En la esquina de
la plaza en frente de la heladería había abuelitos comiendo helado y no
faltaban los perros ladrando y correteando a las palomas felices de estar
afuera al aire libre.
A Daiana le causaba mucha gracia cuando los perritos
la veían y se le acercaban queriendo jugar, y sus amos, como no la podían ver,
los miraban extrañados sin entender lo que pasaba. También los bebes desde sus
cochecitos le sonreían y las mamás que tampoco la podían ver se preguntaban por
qué reían.
Lo primero que hizo Daiana cuando llegó fue ir a
visitar a la mamá que le había robado su corazón. Que hermosa es, tiene su pelo
largo con rizos que bailan orgullosos de un lado para el otro, sus ojos cambian
de color como las hojas de los árboles en el otoño, y cuando te acercas a ella
huele a galletitas de vainilla. Daiana la abrazo, con sus alitas y la mamá se
sonrió como si la sintiera. Cantando una canción, abrió la alacena y saco los
ingredientes para hacer un rico bizcochuelo de dulce de leche.
Nuestro pequeño angelito se hubiera quedado ahí toda
la tarde, pero tenía que cumplir su misión que era muy importante. Cuando se
estaba por ir, el perro y los dos gatitos de la casa se le acercaron y le
jugaban ¡también la podían ver!, ella los acaricio y se fue.
Al día siguiente Daiana volvió a la tierra y salió a
caminar dirigiéndose a la plaza del barrio. Cuando llegó vio a un grupo de
jóvenes, reunidos. Entre ellos estaba Marcos, un joven muy misterioso, callado.
Siempre llega tarde y se va antes que todos los demás sin decir a donde va o
porque se va. Su mirada es triste, lejana y misteriosa. Vestía un vaquero azul
gastado por el uso, una remera verde con rayas blancas y una gorra negra con
visera amarilla que cubría un pelo largo y descuidado. En su bolsillo trasero
llevaba una cajita de madera larga de color rojo desteñido y las veces que le
preguntaron que llevaba adentro cambiaba la conversación.
Daiana se acercó a aquel grupo preguntándose si la
podrían ver y como entablar conversación. Una de las chicas, morochita de
mediana estatura, carita redonda y nariz respingada, luciendo una trenza
tejida, una remera rosa fucsia y zapatillas haciendo juego, la miro y sonrió.
Daiana, se alegró de que para su misión la gente la
podía ver, pero no sus alas y tomando la iniciativa, le dijo:
“Hola, me llamo Daiana, soy nueva en el barrio y estoy
buscando una librería para comprar útiles para el cole, ¿me puedes decir dónde
hay una?”
“Yo me llamo Ashley” le dijo la chica dándole la
dirección y le pregunto:
“¿de dónde vienes?”
Daiana se vio en un predicamento porque no podía
mentir y tampoco le podía decir que es un ángel.
“Bueno…yo…este…. en realidad…”
Y en ese momento por esas cosas de Papa Dios, que está
pendiente de su pequeñita, se levantó un vientito un poco fuerte capaz de
volarle las gorras a los chicos y despeinar a las chicas, suficiente para que
la pregunta hecha cayera en el olvido.
Inmediatamente Marcos, el chico misterioso, saludó al
grupo y se fue sin dar explicación. Daiana muy atenta a su misión pregunto:
“¿a dónde se fue?”
“¿quién, Marcos?” le pregunto Ashley
“Si” contesto Daiana, lo vi triste.
“no sabemos, siempre se va así.”
Daiana le
pregunto con mucha dulzura:
“¿nunca le han preguntado qué le pasa o a dónde va?”
“no, contesto Ashley” y se quedó pensativa, y
agarrando a otra chica del brazo salió corriendo.
Daiana sonrió porque su plan estaba funcionando.
El lunes Daiana volvió a la tierra, esta vez fue a la
escuela. Cuando Ashley la vio se le acercó y le comento:
“el sábado seguimos a Marcos y lo vimos entrar al
comedor de la Iglesia, no dejamos que nos viera, pero nos sentimos mal y no
sabemos qué hacer.
“Los comedores siempre necesitan ayuda, le dijo
Daiana. Tengo una idea ¿porque no van y hablan con la cocinera, Doña María y se
ofrecen para ayudar los sábados.? Luego le cuentan a Marcos lo que van a hacer
para ver que dice, a lo mejor lo pueden ayudar de alguna manera.”
Después de obtener el permiso de los padres, las
chicas hablaron con Doña María y más tarde se encontraron con Marcos y le
dijeron:
“¿Sabes?, a partir de esta semana vamos a ir los
sábados a ayudar en el comedor de la Iglesia. ¿nos acompañas?”
Marcos, bajo la mirada y no contesto. Luisa la amiga
de Ashley le dijo:
“Marcos, sabemos que comes ahí, y no te tiene que
avergonzar porque todos en algún momento tenemos problemas. Mi familia tuvo que
recibir la bolsa de comida de la Iglesia por seis meses cuando mi papa se quedó
sin trabajo.”
“Mi papa se quedó sin trabajo hace dos meses” dijo
Marcos preocupado, pero a su vez aliviado porque ya no tenía que guardar el
secreto.
Daiana vio una botella vacía en el piso y como quien
no quiere la cosa la pateo y fue a parar a los pies de Ashley. En ese instante
Ashley se acordó que su tío es capataz en una fábrica embotelladora y dijo:
“Le puedo preguntar a mi tío si puede ayudar a tu
papá, y mientras tanto nos puedes acompañar los sábados a ayudar en el
comedor.”
Al día siguiente Ashley llego a la escuela corriendo,
buscando a Marcos por todos lados agitando un papel blanco. Cuando por fin lo
encontró, le entregó el papel con la dirección y el teléfono de la fábrica del
tío para que su papá fuera a una entrevista.
Marcos, dándole las gracias tomo el papelito y
cuidadosamente lo puso en su bolsillo. Luego se sentó en un banco, saco la
cajita roja, la abrió con esa mirada que lo transportaba a otro mundo, pero
esta vez con una sonrisa en los labios.
Dos días más tarde su papa empezó a trabajar en la
fábrica embotelladora. Marcos y su familia en agradecimiento se unieron a
Ashley y sus amigas los sábados en el comedor. ¡Doña María estaba feliz!!
Daiana se sintió orgullosa de sí misma, había
conseguido que los chicos de la plaza se unieran para ayudar a Marcos y a su
familia y también a Doña María en el comedor. Su misión esta cumplida, solo le
queda una pregunta:
“¿Que tendrá Marcos en la cajita roja?” Pero esa será
otra misión.
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